Percepción e imagen: cómo las formas, los sonidos, las palabras y el lenguaje corporal comunican quién eres

La imagen no empieza en la ropa. Empieza en la percepción. Antes de que una persona conozca nuestra historia, nuestras capacidades o nuestras intenciones, ya está interpretando señales.

COMUNICACIÓN NO VERBAL

Zulamith Minnelli

10/2/20268 min read

woman in black long sleeve shirt
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Percepción e imagen: cómo las formas, los sonidos, las palabras y el lenguaje corporal comunican quién eres

La imagen no empieza en la ropa. Empieza en la percepción.

Antes de que una persona conozca nuestra historia, nuestras capacidades o nuestras intenciones, ya está interpretando señales.

Una expresión facial, la forma de nuestro rostro, la silueta de una prenda, una línea recta o curva, el tono de voz, una palabra, un gesto o incluso el sonido de nuestro nombre pueden participar en la construcción de una primera impresión.

Esto no significa que una persona pueda determinar quiénes somos únicamente por nuestra apariencia. Significa algo más interesante: los seres humanos interpretamos constantemente señales y construimos hipótesis sobre lo que tenemos delante.

Por eso, comprender la percepción puede ayudarnos a responder una pregunta fundamental:

¿Estoy comunicando lo que realmente quiero comunicar?

La imagen como sistema de comunicación

Desde la semiótica, una disciplina dedicada al estudio de los signos y de cómo producen significado, aquello que percibimos puede funcionar como un signo.

Charles Sanders Peirce propuso una clasificación particularmente útil: los signos pueden funcionar como íconos, índices y símbolos, dependiendo de la relación que establecen con aquello que representan. Una fotografía, por ejemplo, tiene una relación de semejanza con su referente; una huella puede funcionar como índice de que alguien estuvo allí; y una palabra funciona principalmente como símbolo porque su significado depende de convenciones compartidas.

Aplicado a la imagen personal, esto permite entender que nuestra apariencia no es solamente estética.

También comunica.

La ropa, los colores, las proporciones, las líneas, los accesorios, el arreglo personal, la postura, los movimientos y la expresión facial pueden convertirse en señales que los demás interpretan.

Pero hay una segunda parte igual de importante:

el significado no está únicamente en quien emite la señal. También está en quien la interpreta.

Por eso, una misma imagen puede producir percepciones diferentes dependiendo del contexto cultural, profesional y social.

¿Por qué las formas redondas pueden percibirse como más cercanas?

Existe evidencia experimental de que la forma influye en determinadas asociaciones sociales.

Diversos estudios han encontrado que las formas curvas o redondeadas tienden a relacionarse con conceptos como calidez, suavidad, seguridad o aproximación, mientras que las formas angulares pueden asociarse con competencia, fuerza, dureza o peligro.

En un estudio sobre percepción implícita, por ejemplo, las figuras curvas estuvieron asociadas con conceptos positivos y seguros, mientras que las figuras angulares mostraron asociaciones más fuertes con peligro y conceptos negativos.

Esto no significa que una curva sea universalmente “amable” ni que un ángulo sea automáticamente “agresivo”.

La interpretación depende del conjunto.

Una curva puede contribuir a una imagen de:

  • cercanía;

  • suavidad;

  • accesibilidad;

  • comodidad;

  • armonía.

Mientras que una estructura más angular puede contribuir a transmitir:

  • firmeza;

  • precisión;

  • fuerza;

  • competencia;

  • autoridad.

De hecho, investigaciones sobre diseño encontraron que las formas curvas se asociaban con mayor calidez, mientras que las angulares se asociaban con mayor competencia.

Esta distinción es especialmente interesante para la imagen profesional.

Una persona que quiere proyectar cercanía y una persona que necesita proyectar autoridad no necesariamente deberían utilizar exactamente los mismos códigos visuales.

¿Triángulos = autoridad o peligro?

Aquí conviene hacer una distinción.

Decir que “los triángulos significan autoridad y peligro” sería demasiado categórico para lo que realmente demuestra la investigación.

Lo que sí encontramos es que la angularidad puede participar en asociaciones con fuerza, dureza, competencia y peligro. Algunos estudios han encontrado además que las formas angulares se vuelven más salientes en rostros que presentan señales relacionadas con amenaza.

Por otro lado, las investigaciones sobre percepción de rostros muestran que las personas realizan rápidamente evaluaciones relacionadas con dimensiones como confianza y dominancia, y que estas impresiones pueden estar relacionadas con múltiples características simultáneamente, no con una única forma geométrica.

Por eso, en imagen personal es más preciso hablar de un lenguaje de líneas:

Líneas curvas

Pueden favorecer asociaciones de:

suavidad + cercanía + fluidez + calidez

Líneas rectas

Pueden favorecer asociaciones de:

estructura + orden + precisión + formalidad

Líneas angulares

Pueden favorecer asociaciones de:

fuerza + energía + competencia + tensión

Líneas diagonales

Pueden introducir:

movimiento + dinamismo + acción

Líneas verticales

Pueden contribuir visualmente a:

presencia + estructura + elongación + formalidad

La clave no es elegir una forma “buena” o “mala”.

La clave es preguntarse:

¿Qué quiero comunicar y qué combinación de códigos visuales ayuda a sostener ese mensaje?

El curioso efecto Bouba/Kiki: cuando un sonido parece tener forma

Aquí aparece uno de los fenómenos más fascinantes de la percepción.

Imagina dos figuras:

Una es redondeada.

La otra tiene puntas y ángulos.

Ahora imagina que una se llama “Bouba” y la otra “Kiki”.

La mayoría de las personas tiende a asociar Bouba con la figura redondeada y Kiki con la angular.

Este fenómeno se conoce como efecto Bouba/Kiki.

Fue investigado inicialmente por Wolfgang Köhler y posteriormente estudiado de manera muy conocida por Vilayanur Ramachandran y Edward Hubbard. Investigaciones posteriores han encontrado esta correspondencia entre sonidos y formas en diferentes grupos culturales y sistemas lingüísticos, aunque también existen diferencias culturales en la intensidad de las asociaciones.

Lo interesante es que no estamos hablando de palabras que tengan un significado real.

“Bouba” y “Kiki” son palabras inventadas.

Aun así, las personas tienden a percibir una correspondencia entre sus características sonoras y determinadas formas.

¿Por qué?

Una de las hipótesis es que existen correspondencias entre diferentes características sensoriales: sonidos con determinadas frecuencias y cualidades articulatorias pueden asociarse perceptualmente con características visuales como redondez o angularidad.

Incluso se ha encontrado evidencia de sensibilidad al simbolismo sonoro desde edades tempranas, aunque la investigación sugiere que tanto mecanismos innatos como aprendizaje pueden participar en su desarrollo.

Esto nos lleva a una idea poderosa:

La comunicación no ocurre solamente a través del significado literal de las palabras.

También comunicamos mediante cómo suenan.

El lenguaje verbal no es solamente “qué dices”

Cuando hablamos de comunicación, solemos concentrarnos en las palabras.

Pero una conversación contiene múltiples capas:

qué dices + cómo lo dices + cómo te ves mientras lo dices + qué haces mientras lo dices.

La investigación sobre comunicación no verbal estudia precisamente cómo el rostro, la voz, el cuerpo, el contacto, el espacio interpersonal y otros comportamientos participan en la interacción social.

Por eso, decir:

“Estoy muy segura de mi propuesta”

mientras se habla con una voz débil, postura cerrada y mirada evasiva puede producir una señal diferente de decir exactamente las mismas palabras con una expresión estable, postura abierta y una voz firme.

No necesariamente porque exista una regla matemática entre un gesto y una emoción, sino porque las personas integran múltiples señales simultáneamente.

La comunicación es un sistema.

Entonces, ¿qué es realmente la semiótica aplicada a la imagen?

Podemos entender la semiótica aplicada a la imagen como el estudio de los signos que utilizamos para construir significado.

Tu ropa es un signo.

Tu peinado puede ser un signo.

Tus lentes pueden ser un signo.

Tu manera de caminar puede ser un signo.

Tu tono de voz puede ser un signo.

La forma de tu logotipo puede ser un signo.

Incluso la manera en que organizas visualmente una presentación puede ser un signo.

Y todos esos signos pueden reforzarse o contradecirse.

Por ejemplo:

Una persona puede querer comunicar:

“Soy una profesional cercana y accesible.”

Pero puede presentarse con una combinación extremadamente rígida de líneas, colores, postura, expresión facial y lenguaje verbal.

O puede ocurrir lo contrario:

Quiere proyectar liderazgo y autoridad, pero todos sus elementos visuales comunican informalidad, exceso de suavidad o poca estructura.

El problema no necesariamente está en una prenda.

Está en la incongruencia entre el mensaje deseado y el conjunto de señales emitidas.

La imagen intencional no consiste en disfrazarse

Aquí está una de las diferencias más importantes entre imagen consciente e imagen como simple apariencia.

Comunicar con intención no significa convertirte en alguien que no eres.

Tampoco significa utilizar determinadas prendas para “engañar” al cerebro de otras personas.

Significa comprender qué señales estás enviando y decidir cuáles quieres reforzar.

Imagina tres objetivos diferentes:

1. Quiero generar cercanía

Puedes considerar elementos visuales que aporten mayor suavidad:

  • líneas curvas;

  • tejidos fluidos;

  • contrastes menos agresivos;

  • expresiones faciales abiertas;

  • lenguaje corporal receptivo;

  • una voz cálida.

2. Quiero proyectar autoridad

Puedes incorporar mayor estructura:

  • líneas rectas;

  • prendas estructuradas;

  • hombros definidos;

  • contrastes visuales;

  • postura estable;

  • movimientos más precisos;

  • lenguaje verbal directo.

3. Quiero comunicar autoridad sin perder cercanía

Aquí aparece algo mucho más interesante.

No necesitas elegir entre “amable” y “autoridad”.

Puedes combinar códigos.

Por ejemplo:

estructura + suavidad

precisión + calidez

formalidad + accesibilidad

firmeza + expresión abierta

La imagen más efectiva no siempre es la que lleva un código al extremo.

Muchas veces es la que consigue que los diferentes códigos trabajen juntos.

Cómo utilizar la percepción correctamente

Antes de elegir una prenda, un peinado, un accesorio o incluso una fotografía profesional, puedes hacerte cinco preguntas:

1. ¿Qué quiero comunicar?

No “¿qué quiero ponerme?”

Sino:

¿qué quiero que las personas perciban de mí?

Por ejemplo:

  • autoridad;

  • creatividad;

  • cercanía;

  • sofisticación;

  • liderazgo;

  • confianza;

  • accesibilidad;

  • dinamismo.

2. ¿En qué contexto?

La misma persona puede necesitar diferentes códigos para diferentes situaciones.

No comunicarías exactamente lo mismo:

  • en una entrevista;

  • en una negociación;

  • en una consulta profesional;

  • en una conferencia;

  • en una cena;

  • en una fotografía para redes sociales.

3. ¿Qué estoy comunicando actualmente?

Aquí comienza la verdadera observación.

Pregunta a personas de confianza:

“Si no me conocieras, ¿qué tres palabras utilizarías para describirme por mi imagen?”

La respuesta puede revelar una diferencia entre:

identidad percibida y identidad deseada.

4. ¿Qué elementos están reforzando ese mensaje?

Observa:

rostro + cabello + ropa + líneas + color + accesorios + postura + voz + lenguaje.

No analices cada elemento aisladamente.

Analiza el conjunto.

5. ¿Existe congruencia?

La pregunta final es:

¿Lo que digo, lo que hago y lo que muestro cuentan la misma historia?

Cuando existe congruencia, la comunicación suele resultar más clara.

La percepción no es una sentencia

Existe una última consideración fundamental.

Una primera impresión es una interpretación, no una radiografía de personalidad.

Las personas pueden equivocarse.

El contexto puede modificar la percepción.

La cultura puede cambiar el significado de un signo.

Y una característica visual nunca debería utilizarse como prueba de cómo es realmente una persona.

La investigación sobre percepción facial, por ejemplo, muestra que las personas realizan rápidamente juicios sobre confianza y dominancia, pero también evidencia que estas impresiones dependen de múltiples características y pueden producir errores.

Por eso, trabajar con percepción no significa enseñar a “juzgar” a las personas.

Significa aprender a entender el proceso mediante el cual se generan determinadas impresiones.

Tu imagen también habla cuando tú no estás hablando

La imagen personal puede entenderse como un sistema de comunicación no verbal.

No porque cada color, forma o prenda tenga un significado universal e inamovible.

Sino porque los seres humanos estamos constantemente interpretando señales.

Una línea puede sugerir estructura.

Una curva puede sugerir suavidad.

Un sonido puede evocar una forma.

Una expresión puede modificar la percepción de confianza.

Una postura puede modificar la lectura de presencia.

Una palabra puede cambiar completamente el significado de una apariencia.

Y cuando todos estos elementos son coherentes, la persona deja de depender exclusivamente de “verse bien”.

Empieza a comunicar con intención.

Porque la pregunta más interesante de la imagen personal no es:

“¿Me veo bien?”

Es:

“¿Lo que estoy comunicando coincide con lo que quiero que los demás perciban de mí?”

La imagen no se trata únicamente de apariencia.

Se trata de percepción, comunicación y coherencia.

La imagen no se improvisa. Se diseña desde la coherencia.

Referencias

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  • Jack, R. E., & Schyns, P. G. (2017). Toward a Social Psychophysics of Face Communication. Annual Review of Psychology, 68, 269–297.

  • Oosterhof, N. N., & Todorov, A. (2008). The functional basis of face evaluation. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105(32), 11087–11092.

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  • Spence, C. et al. / Bremner et al. (2016). When “Bouba” equals “Kiki”: Cultural commonalities and cultural differences in sound-shape correspondences. Scientific Reports.

  • Winter, B., & Perlman, M. et al. (2021). The bouba/kiki effect is robust across cultures and writing systems. Philosophical Transactions of the Royal Society B.

  • Ramachandran, V. S., & Hubbard, E. M. (2001). Estudios fundacionales sobre correspondencias sonido-forma y el efecto Bouba/Kiki.

  • Stanford Encyclopedia of Philosophy. Peirce’s Theory of Signs.

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